Historias del Talento: Irving Berlin

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El
talento puede considerarse como la organización innata, especial y única del
potencial humano en cada individuo. Hay un diseño original que nos permite
vivir de partida desempeñando aquellas funciones específicas para las que
estamos mejor capacitados por la naturaleza; esa aptitud natural se manifiesta
en nuestros primeros pasos en la vida y cuando no queremos ser otro o el otro.
Por ello no imitando el proceder de otros y dejándonos ser el que somos, el
talento personal se muestra con naturalidad, se expresa con espontaneidad en
nuestro quehacer. La siguiente historia del prolífico compositor Irving Berlin
es un buen ejemplo de como el talento aflora si nos permitimos ser aquel
que somos.
Israel Isidore Baline (1888, Tiumen, Rusia) fue hijo de una
familia numerosa que abandonó su tierra natal como consecuencia de los progroms
zaristas contra los judíos. A la edad de 5 años llegó a la Isla de Ellis (New
York) puerta de entrada del gran aluvión de población emigrante a Estados
Unidos en aquellos dias. La familia se instaló en el gueto de Lower Easter Side
de Gotham, el espacio más pobre y sucio no solo de New York, sino de todo el
continente según la prensa de entonces. En este ambiente adverso el niño Baline
ayudaba a la economía familiar vendiendo periódicos en la calle y realizando
otros trabajos similares. 
Un trágico suceso le puso frente al valor de la vida, el
esfuerzo y del dinero. La muerte de su hermano aplastado por una carga mientras
ayudaba a descargar un carguero en el puerto neoyorkino para ganarse unos
centavos fue un revelador aprendizaje para el joven Baline: “una vida vale mas
que unos pocos centavos”. Tras aquel trágico accidente y teniendo 15 años se
marchó de casa dispuesto a ganar dinero de una forma más fácil. Sin formación
musical (nunca aprendió a leer y escribir música más allá de un nivel
elemental, fue pianista autodidacta, y solo tuvo dos años de educación formal
en su vida) comenzó a cantar en las calles, primero como un mendigo y después
en algunos cafés y restaurantes populares de la célebre calle Bowery cuna del
Music Hall. Trabajando como camarero cantante en el Pelham Café puso letra a
una composición del pianista del local que se haría muy famosa (Marie of Sunny
Italy) cantada por el propio Israel y que le reportaría sus primeras ganancias
como compositor. Un error de imprenta al registrar la canción le dio el nombre
Irving Berlin, nombre por el que sería conocido el resto de su vida.
Irving Berlin siguiendo la luz de su don había encontrado su
lugar en el mundo. Y en él expresaba la vida a través de sus hermosas
composiciones: más de 3000 canciones, 19 musicales y 18 bandas sonoras de
películas. La cantidad no estaba reñida con la calidad. A juicio de George Gershwin
fue el “mejor compositor de canciones que nunca existió”. “Mientras otros
hacían salchichas, Irving hacia belleza” expresaría Frank Sinatra y esta
prolífica carrera como compositor de bellas obras, le reportaría cuantiosas
ganancias. Pero Irving reconoció que “después de obtener todo lo que uno desea,
uno se da cuenta que no lo necesita todo” y dedicó gran parte de su fortuna a
la labor filantrópica, apoyando a organizaciones benéficas y otras acciones que
consideró merecían la pena como eliminar los conflictos sociales y religiosos
entre cristianos y judíos (Su primera mujer murió de neumonía contraída en el
viaje de luna de miel y en segunda nupcias contrajo matrimonio con una
católica-irlandesa, cuyo padre la desheredó como oposición a las bodas entre
contrayentes de diferente religión). El talento de Irving fue su medio de
expresar la belleza de la vida, de crear riqueza, y su noble actitud de dedicar
parte de su fortuna a hacer de este mundo un lugar mejor donde vivir, la forma
de apoyar el don de otros. 
El propio Irving Berlin, dejaría tres frases resumen de su
aprendizaje para disfrutar el regalo de la vida:
  • “Todo
    el mundo debería tener un Lower East Side en su vida”. Esos momentos duros y
    difíciles que se nos presentan son necesarios para reconocer el valor de la
    vida.
  • “El
    Talento es el punto de partida”- Déjate ser para que aflore ese pilar sobre el
    cual construir tu vida.
  • “Luces
    de candilejas …… ¡nada que hacer, ya lo sé!” – En el escenario de la vida,
    tu talento se muestra en libertad. Es el reconocimiento de tu don y no puedes
    ser otra cosa que la que eres.
Los reconocimientos del talento de Irving Berlin fueron numerosos. Entre ellos el Oscar que recibió en 1942 por el villancico
“Blanca Navidad” que cantó Bing Crosby en la película “Holliday Inn”.
Una canción de navidad para recordarnos nuestro nacimiento a la vida, para
celebrar la promesa que somos y porta el Don que nos regalaron al
nacer, ese capaz de colorear nuestros días y proyectar la alegría de vivir a
los demás. 

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