INTELIGENCIAS MULTIPLES

2017-09-05T11:24:59+00:00
El paradigma cartesiano/newtoniano ha venido influyendo el desarrollo de occidente en los últimos 300 años. En este contexto dominante donde la fenomenología era explicada desde las leyes de la razón lógica y la mecánica, el universo era predectible y la realidad se configuraba como algo objetivo, material e independiente a la observación de las personas. Y la educación considerada como la adquisición de conocimientos útiles con los que operar en ese marco de realidad determinística, desde el ejercicio de una profesión aseguradora de la supervivencia, una modalidad evolucionada de los mercados laborales en los entornos sociales urbanos e industriales generados por la propia dinámica del paradigma.
El sistema educativo ha gravitado en todo este tiempo en torno a un principio: “la mente es como una tabula rasa” (Locke, sXVII) y por consiguiente cada niño puede ser modelado como se desee pues es la experiencia la que nos convierte en lo que somos. Ahondado en esta línea de pensamiento, Helvecio (sXVIII) propugnaba que no existían capacidades ni ideas innatas. Las diferencias observables entre las personas y los frutos que estas cosechaban eran causadas por el compromiso personal ya que todos somos iguales y poseemos el mismo potencial originalmente. En el siglo XIX, F. Galton se opuso a estas hipótesis en las que la aplicación y el esfuerzo moral son los determinantes del logro e introdujo nuevos elementos de carácter hereditario. La genética que había irrumpido en la biología de la naturaleza humana arrojaba nueva luz sobre las diferencias morfológicas y funcionales entre individuos de una misma especie. No todos hemos sido concebidos con la misma dotación de inteligencia, hay diferencias de capacidad para la adquisición de conocimientos y de forma extraordinaria, unos pocos son superdotados. Así en la dinámica lógica del paradigma lo medible, lo cuantitativo y estadístico adquirió un gran desarrollo y la inteligencia, considerada como una capacidad unitaria para el aprendizaje, fue objeto de valoración ya en el siglo XX. La aplicación del test para determinar el Coeficiente de Inteligencia General (IQ) corroboró que no todos somos igual de inteligentes y que los menos dotados requieren mayor esfuerzo en la adquisición de conocimientos, mayor voluntad y compromiso para alcanzar los certificados y títulos de aptitud social reconocidos por el propio modelo educativo.

Y es durante la primera mitad del siglo XX, cuando el paradigma mecánico racionalista está alcanzando su apogeo, cuando diferentes pensadores y científicos (Eistein, Bohm, Jung,…) desde diferentes disciplinas comienzan a cuestionar el modelo de universo dominante regido por relaciones de causa y efecto entre la materia. Su semilla comienza a fructificar y nuevos niveles de conciencia sobre el universo comienzan a proyectarse en las investigaciones sobre la teoría de la relatividad, la física cuántica, la espiritualidad, la mitología, el inconsciente colectivo, la psicología transpersonal, la teoría de los campos morfogenéticos, el modelo holográfico, la teoría general de sistemas… Todas estas formulaciones comienzan a crear un nuevo corpus de conocimiento del universo y de la naturaleza humana, embrión del paradigma emergente en el que la relación del ser humano con la vida se está renovando, transformándose hacia una integración con el todo desde la comunión de las partes que son una proyección del todo en unidades cualitativamente diferenciadas. En este redescubrimiento de lo olvidado, de nuevos niveles de conciencia que complementan e integran la materia con el espíritu, y reposicionan al hombre ofreciéndole sentido en la creación, han sido enriquecedoras y vitales las investigaciones y aportaciones, además de los citados anteriormente, y entre otros de Prigogine, Sheldrake, Groff, Pribam, Eliade,… y Howard Gardner galardonado recientemente con el premio príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales.

Según el psicólogo social Howard Gardner, autor de la Teoría de las Inteligencias Multiples, no existe una inteligencia sino varias capacidades específicas que se combinan de una forma innata y única en cada persona. Existe, por tanto, una aptitud original en cada uno de nosotros, talento, que nos inclina vocacionalmente. Y el papel de la educación debe ser el de facilitarnos crecer, permitiéndonos a cada uno ser quien somos y no en adquirir conocimientos académicos pues éstos son solo una construcción social que limita la manifestación de aquel quien realmente somos y debemos ser. Del mismo modo, para Gardner el sistema educativo no es objetivo pues favorece a aquellos cuya combinación innata biopsíquica (inteligencia) esté alineada o más cercana a las aptitudes intrínsecas que subyacen en el modelo educativo.

Deseamos que las proposiciones de Gardner así como las de todos aquellos que trabajan en diferentes disciplinas del conocimiento, vayan reactualizando un paradigma insuficiente para abordar los nuevos tiempos y vayan dotando a la educación de un nuevo sentido para bien de todos y cada uno en la construcción de un mundo mejor en el que vivir; en el que la educación sea más que formación para el desempeño de una profesión, sea una aventura de expansión de la conciencia que nos abra a reconocer nuestro don y nuestro lugar en el mundo para poder disfrutar de las riquezas y posibilidades que el universo nos ofrece por ser quien en esencia soy.

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