ESFUERZO y VALOR

2017-09-05T11:25:02+00:00
La economía es la parcela de conocimiento que estudia el valor, su gestión y administración. Esta sencilla afirmación tiene, sin embargo, mucha miga. ¿Como se forma el valor?, ¿Es el valor algo subjetivo u objetivo?, ¿Es el precio sinónimo de valor? No pretendo que nos atragantemos pero si plantear algunas cuestiones para digerirla mejor.
Un primer componente sobre el valor de las cosas es el principio de escasez. A mayor escasez mayor valor, a mayor abundancia menor valor. Según este principio a mayor fuerza laboral más barato el salario o precio del trabajo, algo a lo que hemos asistido desde el siglo XX a nivel planetario con la expansión demográfica (somos mas de 6.000 millones), y en las sociedades occidentales con la incorporación de la mujer al mundo laboral y importación de mano de obra.
La población se ha entendido tradicionalmente como un recurso económico poco diferenciado, en los que la distinción básica era la cualificación. Esta es concedida principalmente por los conocimientos adquiridos y más específicamente por los títulos que los acreditan. En cuanto que el contingente de mano de obra cualificada es menor que el de la no cualificada, se supone aplicando el principio de escasez, que los salarios de la mano de obra cualificada sean mayores. Pero todos conocemos albañiles, fontaneros, …. y futbolistas sin titulación que obtienen unos ingresos por trabajo superiores a muchos abogados o economistas, por no decir de periodistas, historiadores, filósofos,…. Obviamente algo falta por contemplar.
Efectivamente, la oferta de trabajo cualificado ha venido aumentando progresivamente pero ¿Y la demanda? La demanda de trabajo, aquellos que ofrecen empleo, no es tan expansiva como el crecimiento de la población activa salvo para determinados sectores y en circunstancias coyunturales. Esto explica por una parte que en periodos puntuales un mecánico fresador pueda recibir una renta que triplica la de un físico con veinte años de experiencia y que sea algo habitual desde hace 30 años que exista un amplio numero de licenciados y «master» que están en paro o desarrollando tareas para las cuales sus conocimientos son prescindibles por un módico precio. Invertir tanto tiempo, dinero y esfuerzo para tan poco rendimiento es un mal negocio. ¿Es la universidad una fábrica de frustrados?
Sencillamente no, la frustración obedece a una cuestión de valores y creencias personales que la cultura nos ha transmitido y hemos aceptado como válidas para enfrentar nuestra carrera profesional. La diferenciación del mercado laboral entre «titulados superiores» y «otros titulados inferiores o no titulados» para alcanzar un buen empleo ya no sirve, el mundo laboral requiere capacidad especializada y el conocimiento ha de considerarse como un aliado para canalizar la vocación que surge de esa capacidad innata que es el talento.
Otra de las creencias que rige nuestra sociedad y el mundo laboral de forma ineficaz es la de que todos somos iguales y el esfuerzo es el que revela a los mejores. El esfuerzo, la fuerza de voluntad, la insistencia repetitiva se alzan así como valores garantes del éxito. Pero si bien todo podemos hacer de todo, hay cosas que a cada cual se le dan mejor, precisamente aquellas para las que tiene especial facilidad, esas que le implican menor esfuerzo. No todos somos iguales, cada persona es única y excepcional en un dominio de habilidades, algo tan obvio que acostumbramos a pasar por alto y que es vital para garantizarnos nuestro lugar en el mundo profesional.
Pero además, el esfuerzo como valor en el desempeño laboral tampoco tiene una relación clara en el precio del salario o de nuestro producto o servicio. Hay una franja de la población activa que cobra por tiempo dedicado independientemente del rendimiento o resultados. Y otros no pueden diferenciar el precio de sus productos en función del esfuerzo dedicado. Así un carpintero que por ejemplo fabrica sillas, obtiene el mismo precio por una silla que realiza en buen estado de salud que por otra construida en mal estado de salud, aunque esta le suponga mayor tiempo y energía.
La creencia de que el esfuerzo por si mismo es la llave de la competencia y el éxito profesional es absurda. Con ello no quiero decir que el esfuerzo no sea un valor importante, sino que hay que resituarlo en la perspectiva de la vocación y el talento que son los elementos que confieren la competencia. Que cada cual dirija su esfuerzo y adquisición de conocimientos en aquello para lo que VALE y tiene vocación, en aquello para lo que tiene un don especial y un interés inagotable. En definitiva que cada cual, independientemente de su sexo y procedencia, se oriente hacia aquello para lo que vale por si mismo, de forma innata y natural, pues no hay dos personas iguales, cada uno es único, y por ello mismo es escaso, útil y valioso para los demás.
Basta ya de derroche energético, ahorremos energía innecesaria siendo eficientes y felices en nuestra carrera profesional. Hagamos del TALENTO un valor esencial del mercado laboral para vencer sus constantes tensiones y desajustes de oferta y demanda. Todos valemos pero cada cual ha de empezar por descubrirse personalmente y reconocer su talento. Ese es un esfuerzo bien aplicado, que merece la pena.
P.D. «La humanidad, partiendo de la nada y con su solo esfuerzo, ha llegado a alcanzar las más altas cotas de miseria» Groucho Marx