TALENTO y CONFIANZA

2017-09-05T11:24:56+00:00
En una cultura competitiva, donde
el valor del trabajo humano es cada vez más despreciable, la sabiduría aconseja
ser humilde y no mostrar el talento como ya promulgaba Séneca. Una cultura
competitiva tiende a debilitar la confianza en sí mismo y promueve la lucha de
egos, ¿No es tu ego tu flanco más vulnerable?. Una cultura competitiva fomenta socialmente
como valores positivos el individualismo, la ambición del tener, poseer, ganar,
el egoísmo; algo difícilmente alcanzable en un contexto que promueve de miedo,
la indefensión, la inseguridad, la debilidad humana. La competitividad dejó de
ser deportiva hace mucho tiempo y ganar, una práctica donde el honor es un
impedimento para ello. Ser competitivo se ha convertido en una lucha donde se declara
enemigo a tu rival, donde se ha perdido el grato horizonte de crecer y
trascenderse, de malgastar esfuerzos por no perder, pues solo se concibe, sin
manifestarlo, que solo ganan aquellos que hacen trampas. Una cultura competitiva, al
ser fraudulenta y corrupta, contiene en si misma el germen de la autodestrucción,
se nutre de la debilidad de sus miembros, y necesita enfrentarse al otro por
miedo a enfrentarse a sí misma, requiere de la estimulación de egos para, tras neutralizar el poder de quienes viven en ella, verse falsamente triunfadora.
¿Puede una organización basada en
la desconfianza cumplir con sus fines? ¿Puede un ser humano depositar su
confianza en los líderes de una organización donde la expresión de su capacidad
y su talento está amenazada? ¿Se puede depositar la confianza en una compañía o
institución donde la valoración del trabajo apenas permite sobrevivir temporalmente
y enfrentando un continuo problema de fidelidad consigo mismo, a sabiendas que la
lealtad se ha convertido en un valor de reciprocidad escaso?
Me comenta una alta directiva, de
vuelta tras varios años en el extranjero, que los españoles no hemos aprendido
de la crisis. Que hemos abandonado la competencia y nos hemos vuelto “competitivos”
en el sentido de que las organizaciones viven una lucha interna de egos sin
sentido. Que hemos perdido la oportunidad de entender que la unión y la
colaboración generan sinergias, nos hace más fuertes y nos enfoca a la obtención
de beneficios económicos, grupales y personales satisfactorios. Y ahí está como ejemplo la
lección ya olvidada del triunfo de España en el mundial de fútbol en Sudáfrica.
 
 

La competencia, desprovista de
valores que fomenten el desarrollo humano, se ha olvidado de los beneficios que
se pierde, alguno de los cuales (reconocimiento social, riqueza,…) paradójicamente,
son los que ambiciona ganar. El ser humano ha de recuperar la confianza en sí
mismo y promover la colaboración. Ser humildes y modestos (valores devaluados
ante la fanfarrona notoriedad del ego que ha tergiversado su sentido) nos ayuda
no solo a reconocernos, a explorar nuestro poder y nuestras carencias, sino también
a ser honestos con nosotros mismos y los que nos rodean. Es el principio de
cualquier progreso común gratificante. El talento como capacidad y poder innato
del individuo, el Yo Aborigen que llama H. Bloom, es vehículo que proporciona sentido
a nuestro quehacer cuando se pone al servicio del otro, es el Dios personal de
los romanos capaz de generar una influencia beneficiosa a su alrededor. Es la
joya del potencial que portamos y por ello no puede ser confiada a quien no lo
valora, que es lo mismo que decir no valora a las personas. El talento es “la
confianza en sí mismo” que decía Emerson, lo opuesto al ego que personifica la
desconfianza camuflada en uno mismo y trata de mostrar grotescamente lo que no
es, el talento del otro. Lo que más teme el ego es el poder y la confianza que
otorga el talento; y lo que más teme una organización competitiva es la
integración y asociación de talentos enfocados a un fin y colaborando entre
ellos. La economía colaborativa emerge y se dibuja en el horizonte como una alternativa
que según los nuevos economistas hará olvidar en no mucho tiempo los sistemas antagónicos de la economía
materialista: el capitalismo y el socialismo.
Genesis un ejemplo de confianza en si mismos y Afterglow una cancion sobre los destellos de un nuevo mundo: