EL TALENTO y LA RESONANCIA MORFICA

2017-09-05T11:24:58+00:00

El reconocimiento del talento me
hizo darme cuenta que el talento no es una capacidad aprendida sino innata, es más,
innata pero no genética. Una doble herejía para el mundo establecido cuando fue
expuesta en Arqueología del Talento (2003) y hoy aceptada a medias. En términos
generales se acepta en buen grado la idea de que el talento es innato pero ¿Cómo
puede ser que lo innato no sea genético?.  ¿El talento no se hereda?
El talento personal es un patrón innato
de capacidad organizada para un fin que resuena a lo largo de la vida de una
persona. Existe un plano, un diseño en la construcción de cada ser biológico que
le configura de acuerdo a su especie, y dentro de su especie como un ser único dotado
de una forma y función especial dentro de ella. Existe una campo morfogenético,
un campo de memoria organizador de la biología. “Todos los sistemas que se
organizan, bien sean átomos, moléculas, cristales, células, tejidos, órganos,
organismos, animales, ecosistemas y sociedades, no así las máquinas o las
sillas que son productos agregados de materia, tienen una especie de memoria
inherente” – expone Rupert Sheldrake – que resuena constantemente en su evolución.
Este campo mórfico sería una especie de “memoria colectiva” semejante al
inconsciente colectivo de Jung.
Rupert Sheldrake investigador del
Desarrollo de la Biología en la  Universidad
de Cambridge (UK) fue quien acuñó y lanzó a principios de los 70 el concepto de
“resonancia mórfica”. El nos explica cómo interactúan los campos mórficos y el
ADN. “Los genes producen proteínas. Se trata de un código de la estructura primaria
de las proteínas, pero la forma en que se pliegan las proteínas es el primer
problema para la teoría genética, porque no se puede predecir la estructura tridimensional
de la proteína únicamente a partir de la secuencia de los aminoácidos. Si usted
trata de calcularla terminaría con cientos de formas posibles y solo se
necesita una de estas formas. La resonancia y los campos mórficos juegan un
papel en el plegamiento de la proteína. Ayudan a organizar la forma en que las proteínas
interaccionan y en que la célula se organiza. Los campos mórficos interactúan con
los genes, ya que éstos proporcionan los materiales de la construcción. Si éstos
están defectuosos pueden originar un organismo defectuoso, pero esto no prueba
que todo el organismo se codifique o programe en los genes. La herencia es genética
en parte”
R. Sheldrake, cuyo último libro
El Espejismo de la Ciencia aparece estos días en las librerías, piensa que la
ciencia está en crisis y que se ha sobrevalorado la importancia de los genes en
la heredabilidad. La contribución genética supone el 10% y el 90% restante hay
que buscarla en los campos mórficos y su resonancia. Para el filosofo de la
ciencia K. R. Popper “el materialismo ha sido trascendido porque la materia ya
no es el principio fundamental de la explicación, son los campos y la energía”.
La crisis del materialismo no solo es una cuestión filosófica y científica, también
resuena en los sistemas sociales y económicos: la educación orientada a la
aptitud para el desempeño profesional genera mediocridad, los sistemas económicos
basados en la competitividad, producción y consumo de bienes materiales son
ineficientes y están en franca bancarrota (incluso las grandes inversiones en
la biotecnología genética han sido un fiasco de rentabilidad que se ha ocultado),
los sistemas sociales de gobierno y convivencia basados en asegurar la provisión
de bienes materiales generan desencanto. El materialismo empuja al individuo a
ser menos de lo que es, a no ser fiel a su propia naturaleza y desconectarse
del sentido de vivir, esto conlleva el germen de la inadaptación, insatisfacción
y desorientación. La visión de un mundo mecanicista y materialista ha excluido
el talento, y por ende, rebajado la posibilidad inherente concebida para cada
uno por la naturaleza que aunque tapada permanece resonando en nuestro interior.
El talento, como dejó dicho magistralmente
Vittorio Gassman, “es muy injusto, no se hereda” genéticamente. Eres una
realidad concreta que responde a un propósito, con un talento especifico, de
las muchas posibles por combinación genética. El talento ese software innato que
programa y ordena tu capacidad, resuena en ti. En Arqueología del Talento hacemos
que resuene con tal fuerza en ti, que seas tú mismo quien desveles y reconozcas
los trazos de ese diseño que te hace único y especialmente apto para contribuir
al desarrollo de la humanidad.
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