Cuando se estrenó la película Carros de Fuego, el atletismo ocupaba el centro de mis días. Disfrutaba corriendo pero de vez en cuando me preguntaba ¿para qué? Había perdido el sentido que me llevó a calzarme las zapatillas. De hecho nunca lo había sabido, al menos conscientemente. Sin embargo, los protagonistas de Carros de Fuego si lo sabían. Uno para ganar, el otro para bendecir a Dios por los Dones que le había concedido y ser así instrumento en la creación de su obra. Ellos sabían el propósito que les guiaba en su carrera. Un día gané la carrera que nadie, ni yo mismo, hubiera imaginado. Fue una experiencia cumbre, extraordinaria y mágica al mismo tiempo que me proporcionó todo el poder que requería. Escuche una voz dentro de mí con tal fuerza que la carrera estaba ganada antes de que el juez diese el pistoletazo de salida. Gané y colgué las zapatillas para siempre. Allí estaba la respuesta.
Si el tema de Carros de Fuego me emocionó (aun no había ganado la carrera) era porque me hablaba desde lo más profundo. Lo mismo ocurría con su banda sonora que utilizaba para motivarme. Y especialmente un tema, el único que no era de Vangelis: Jerusalem; el himno compuesto por de H. Parry a partir de los libros proféticos de William Blake. ¿Porque esta pieza resonaba especialmente cuando la música de teclados y sintetizadores era otro referente de mis días?. Con los años solo el himno tenia presencia permanente en mi. ¿La razón? Tarde en reconocerla…. Aunque en inglés se puede escuchar en él:
¿Y se construyó aquí Jerusalem entre estas satánicas y oscuras factorías?
Traedme mi arco de oro ardiente!
Traedme mis flechas del deseo!
Traedme mi espada! Abríos nubes!
Traedme mi carro de fuego!
No cejaré en mi lucha mental!
Ni dormirá mi espada en mi mano!
Hasta que haya construido Jerusalem!
Un dia había utilizado mi carro de fuego y gané. Tu tienes el tuyo, tienes unos dones para construir Jerusalem a partir de ellos; allí se encuentra el propósito que te guía con sentido.
Escucha Jerusalem: