En verano del 2007, una de mis clientes concluyó, durante el proceso de coaching, una importante operación de forma exitosa: la compra de la torre de Norman Foster, a punto de concluirse su construcción y ubicada en los terrenos de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, por la compañía a la cual representaba y asesoraba en esta inversión inmobiliaria. Hace unos días, concretamente durante la celebración del día de Reyes, tuve una inesperada sorpresa: los planos y maquetas de una torre que proyectó mi hermano Fernando cuando cursaba la asignatura de Proyectos III con los profesores Pardo y Sobejano en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid hace ya veinte años. ¡¡¡Era la torre de Norman Foster!!! ¿Casualidad? Compárense las siguientes imágenes: .
Era la segunda vez que esta torre irrumpía en mi vida. Lo primero que me vino a la cabeza fue “Sincronicidad”, una palabra con la que Jung designaba el principio unificador tras las coincidencias significativas, y que científicos como Pauli, Prigogine o Bohm investigaban en la búsqueda de una teoría del campo unificado en el mundo físico. La sincronicidad es la evidencia de un orden oculto del universo creativo, que emerge y se expresa a sí mismo en nuestras vidas individuales. En este caso concreto al que me refiero, la sincronicidad tiene que ver con dos hitos del proyecto de la torre más alta de Madrid: el principio y el fin. Dos puntos significativos que subyacen en cualquier obra o proyecto: origen y finalidad de la idea No pretendo aquí especular cómo apareció la idea de la mencionada torre en el despacho de arquitectura de N. Foster. Si existió plagio o no. Desconozco cuál fue el método o sucesos que tuvieron lugar: si técnicas de creatividad en grupo, un momento de inspiración de un miembro del equipo del despacho o la búsqueda de ideas desarrolladas por los alumnos de Escuelas de Arquitectura. Quede bien entendido que el proyecto final de N. Foster no es una copia literal del de Fernando Sánchez-Bayo (como muestra la siguiente imagen) pero sí que la idea embrionaria o estructural son coincidentes.
Simplemente quiero significar algo que tiene lugar en el proceso creativo: Las ideas o soluciones están ahí y si estás enfocado hacia ellas, pueden irrumpir en tu campo de visión. Unas veces lo hacen a través de formas tangibles como documentos, proyectos, realizaciones, productos existentes u objetos presentes en la naturaleza. Otras veces vienen a nosotros vía conexiones con el universo intangible, desafiando las coordenadas de tiempo y espacio de la consciencia: durante un sueño, un momento de inspiración, etc. En el primer escenario puede existir la apropiación de una idea de forma consciente o tener lugar el plagio por un tercero; en el segundo caso, no. Es más, una idea o solución puede presentarse al mismo tiempo a varias personas que se desconocen. ¿Casualidad?. Nada más lejos de ello, como concluyó el profesor R. Lasuén en sus investigación sobre los procesos de innovación tecnológica durante su estadía en Standford. La información está ahí presente aunque de forma intangible. Solo hay que conectar con ella. Lo anterior explica que determinados inventos se los disputen diferentes investigadores (p.e. el teléfono) cuando es muy probable que todos ellos sean, en realidad, sus creadores. El universo creativo se retroalimenta a sí mismo a través de sus criaturas: éstas conciben las ideas creativas de forma inconsciente tomándolas de campos de información (campos mórficos) que aunque no visibles van a tener resultados tangibles cuando su contenido descienda al consciente: el momento de inspiración. Pero para que la idea nos encuentre, se revele en nuestra consciencia, ha de existir una necesidad, un para qué, una finalidad que centre y guie al inconsciente. En el caso del teléfono fue la comunicación a distancia por cable lo que concentró la atención de Meucci y Bell a partir de las hipótesis de Bourseul de cómo reproducir vibraciones acústicas originales a partir de un diafragma remoto. En el tema de la torre que nos ocupa, mi hermano proyectó desde el escenario de estudiante que ha de superar las asignaturas del ciclo académico y el despacho de arquitectos de N. Foster proyectó con la finalidad de construir uno de los edificios emblemáticos de Madrid. Todo ello nos sugiere como una idea es capaz de satisfacer diferentes necesidades de las partes que intervienen en su desarrollo, aunque este tenga lugar sin conocimiento de las partes involucradas. Y que esas necesidades son complementarias en la materializacion de un sueño que va mas allá de las aspiraciones de las partes. O dicho de otra forma, compartimos la realización de sueños, cada uno desde su necesidad, capacidad y especialidad, independientemente de los reconocimientos técnicos, sociales, legales o económicos. Quizás cueste reconocerlo en esta sociedad de individuos aparentemente “aislados” o “desconectados” del universo primordial, pero la historia está llena de casos. Véase la llegada del hombre a la luna. Un antiguo ideal o aspiración de la humanidad la desarrolló en forma novelada de Julio Verne a finales del siglo XIX; posteriormente Hergé le puso imágenes en las aventuras de Tintín (mediados sXX), en esos días tuvieron lugar los desarrollos tecnológicos aeroespaciales rusos y norteamericanos encaminados a la conquista del espacio, hasta que finalmente se completo la aspiración del hombre de alcanzar la luna cuando Armstrong y Aldrin pusieron el pie en ella. El caso de la torre más alta de Madrid es otro ejemplo más de la interdependencia que tiene lugar en los procesos creadores, de todo lo apuntado en las líneas anteriores sobre el origen y finalidad de la labor creativa. P.D: Próximos talleres para sintonizar con lo mejor que hay en ti y dar impulso a tu vida: Arqueología del Talento en Barcelona 13/14 de febrero. Arqueología del Talento en S.L. Escorial (Madrid) 27/28 de febrero. Información e inscripciones: arqueología-talento@co-labora.com ¿Prefieres un programa de Coaching individualizado? Información: coachingcenter@co-labora.com