RECUPERANDO HORIZONTES
admin2017-09-05T11:25:01+00:00El diplomático britanico Conway, llegó en 1933 a Shangrila guiado por la pluma de James Hilton en su famosa novela, llevada varias veces al cine, “Horizontes perdidos”. Shangrila, un escondido valle de difícil acceso en el Tibet, era gobernado por la sabiduría de hombres santos que veían en la moderación la virtud indispensable para la convivencia y armonía de sus habitantes. Shangrila era también un espacio oculto donde los poderes y dones del ser humano afloraban para el desarrollo de las artes y el conocimiento de modo que el remoto valle perdido en los Himalayas, lejos de estar abandonado a su suerte, era la puerta abierta a la conciencia que permite gozar de la felicidad y guiar la evolución de la humanidad. De ahí que además del clima espiritual que se respiraba, la población de Shangrila gozase de un próspero bienestar debido a los mayores adelantos que la humanidad pudiera imaginar. Conway abandonó el valle sagrado y consiguió llegar vivo a duras penas a las tierras del imperio británico, fue visto fugazmente por alguno de sus colegas y volvió a desaparecer. Había regresado para siempre a Shangrila.
Para su novela, Hilton tomó el mito de Shambala o Agratha, la comunidad mística tibetana que el pintor ruso Nicolas Roerich encontrara y retratara, y de cuyos poderes fue testigo la antropóloga belga Alexandra David-Neel. El diplomático Abel Posse escribió sobre ella en “el viajero de Agartha” y James Redfield le dedicó su libro “la undécima revelación” ¿Qué persona no desea abrir la puerta a la conciencia y entrar en el edén de Shangrila?
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