Abundan en las últimas semanas las referencias en la prensa económica, a que la actual situación es propicia para el talento. Cuanto de cierto hay en ello, hay que confiar en el talento para, en condiciones desfavorables, navegar hacia una salida con futuro. Pero ¿Quien reconoce esos talentos?
Lo primero que hay que observar es que talento tenemos todos, desde el gran deportista, artista o ejecutivo hasta el «idiot savant», ese ser que aunque psicológicamente sería calificado de deficiente mental es capaz de realizar proezas en determinadas parcelas de actividad. «El talento es algo muy común» como nos recuerda Doris Lessing y cada cual desde su extraordinaria capacidad puede colaborar para que el barco en el que nos encontramos, no se hunda más y tome el rumbo adecuado. Siguiendo a Blasco Ibañez, Ortega y Gasset, Aldous Huxley o Abraham Maslow podríamos decir que ¨los músicos tienen que hacer música, los artistas tienen que pintar y los poetas tienen que escribir si quieren estar en paz con ellos mismos. Lo que los humanos pueden ser, deben de serlo. Tienen que ser verdaderos con su propia naturaleza¨si queremos reconducir las crisis, reflejo de nuestra interacción con el mundo. Si el talento no es escaso en lo genérico, si lo es en lo especifico (todos podemos hacer de todo, pero para algunas cosas servimos mejor que para otras) y habría que reformular la cuestión apuntada anteriormente por ¿Quien reconoce el talento que hay en cada persona?
Para Albert Hubbard «existe algo mucho más escaso, fino y raro que el talento. Es el talento de reconocer a los talentosos» Si bien identificar el talento no es cuestión fácil, existen especialistas como los ojeadores en el mundo deportivo, directores de castings en el mundo artístico o headhunters y empresas de selección en el mundo empresarial y laboral que pueden darnos valioso «feedback». Pero la opinión personal sobre las capacidades de uno mismo pueden, y a menudo sucede, diferir de la que de él tienen otros y viceversa. Nos dicen que valemos para tal cosa y dudamos si realmente es cierto o es una sencilla forma de que nos inclinemos por una determinada dirección laboral. En otras ocasiones nos niegan nuestro verdadero talento para que lo desterremos de nuestra aventura de vivir. Y también nos creemos geniales para esto o aquello y cuando nos encontramos con auténticos talentos de esa especialidad nos damos cuenta de que somos más o menos mediocres. ¿Hay algún modo de conciliar las aspiraciones personales con los intereses del mundo en que vivimos?
Si, valorándose en su justa medida, reconociendo el talento personal y adquiriendo claridad sobre los propios propósitos, para así, voluntariamente, ocupar el sitio que realmente nos deseamos y para el cual estamos capacitados especialmente de forma innata; esa posición desde la que seremos útiles a los demás en la medida de nuestra auténtica y diferencial valía personal. La cuestión ahora nos lleva a ¿Cómo identificar de forma fiable el talento personal?
A partir de cuaderno de bitácora de nuestra experiencia personal modelamos una opinión sobre quienes creemos ser. Pero lo que creemos ser no es lo que somos. Los tests basados en lo que pensamos acerca de nuestras capacidades pueden aportarnos pistas pero no son conclusivos. Hay que navegar también por los océanos del inconsciente para rescatar de allí el autentico tesoro de nuestro Don y descubrir el horizonte personal. Una aventura fascinante en la que los arqueólogos del talento encuentran una vía práctica para salir del fuerte temporal que azota los mares en estos tiempos, permitiendoles poner rumbo a su puerto de destino.
P.D. La próxima expedición de arqueólogos del talento esta a punto de partir!!!