EL TALENTO EN LA DIVISION DEL TRABAJO: BAILANDO CON LOBOS

2017-09-05T11:24:56+00:00
Una de las hipótesis acerca de
nuestros ancestros es que el hombre de Neanderthal se extinguió a pesar de ser más
fuerte e inteligente que el de Cromañón. La explicación es que el hombre de
Cromañón recreó la organización de los lobos y que la ayuda mutua, la unión
entre sus miembros, pudo con el solitario hombre de Neanderthal. La división
del trabajo como la posterior domesticación del lobo que se convirtió en perro
al servicio del hombre, es una consecuencia de aquella organización de nuestros
antepasados Cromañones de quienes somos herederos.
Las generaciones actuales somos
herederos del hombre de la razón. La razón ha permitido a la humanidad dar un
gran salto en el conocimiento del mundo físico, el desarrollo de la tecnología
y ha conducido a una nueva organización social. Gracias a la razón el hombre se
ha emancipado del absolutismo de sus gobernantes y de los contextos de supervivencia
en la naturaleza, y dispone de mayores libertades y mejores condiciones de
vida. Pero al mismo tiempo se ha vuelto prisionero de la razón, de sus procesos
tecnológicos y de los sistemas creados de organización social. El hombre se ha
convertido en un esclavo de un sistema de libertades formales que coarta las
libertades personales, en un sistema de división del trabajo que lo
desnaturaliza desde el sistema educativo basado en la adquisición de
conocimientos y títulos que le hacen apto a ojos de la sociedad aun cuando
desvaloriza al individuo. El orden de la razón ha soñado con construir una gran
maquinaria al servicio del hombre y para ello ha sacrificado al hombre a quien
ha domesticado convirtiéndolo en robot. Y en esta construcción, el hombre se ha creído un superhombre al tiempo que ha
perdido la confianza en sí y se ha vuelto individualista, competitivo, conflictivo
como manifestación del conflicto interno que hay en él en su lucha por la
supervivencia. Como el hombre de Neanderthal, la organización de la razón está
en peligro de extinción.
La humanidad busca nuevos referentes y los está
encontrando en su naturaleza olvidada: la emoción, la creatividad, la
espiritualidad, en su potencial natural: el talento. La humanidad está reconectando
con su naturaleza y el orden de la creación, pues intuye que en el encontrará
un sistema integrador de sí mismo, con sus congéneres semejantes y con la
naturaleza en su conjunto. Este es el nuevo orden social que está emergiendo, el de la ayuda mutua basada en la cooperación
a partir de los rasgos del potencial natural individual para el bien de la
manada, del grupo; y en el que la nueva división del trabajo está fundamentada en el talento innato
y en las aspiraciones vitales del individuo: La organización emergente de la humanidad, dará “a cada uno según su capacidad y
su necesidad”, como anticipó Carlos Marx (y los marxistas nunca entendieron a
qué estaba refiriéndose y menos aún a cómo ponerlo en práctica), y la razón
estará al servicio del Don, una idea que renace con claridad aunque ya fuera expuesta por Albert Einstein: “La mente intuitiva es un Don sagrado y la mente racional un
fiel sirviente; Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado
el Don”.
La reconstrucción de la
humanidad, exige pues, la recreación integradora de la humanidad y de los
miembros que la componen. La unión hace la fuerza, y ese aunar esfuerzos (como
los hombres de Cromañón y los lobos) exige una organización coherente a las capacidades
y necesidades de la población en general y de sus cada uno de sus miembros en
particular. El talento como patrón de organización de nuestra singular naturaleza
es el referente optimizador de la división del trabajo, un criterio de capacidad
y necesidad que cohesiona a la organización humana desde la idoneidad de cada
uno de sus miembros y que capacita a dicha organización colectiva ante los
retos que enfrenta en su evolución.
El Don, el talento, no se
aprende, no se adquiere. El talento es y está en nosotros, nos enseña quienes somos y nos orienta para encontrar
nuestro lugar en el grupo; nos libera, nos capacita y nos guía. Con este plano
la razón nos ayudará a caminar. Alcanza tu libertad, rencuéntrate con tu propia
naturaleza, recupera al lobo que hay en ti y baila con la manada, como Kevin
Costner en esa esplendida película que es “Bailando con lobos”.