Así tituló el grupo musical SUPERTRAMP uno de sus discos que apareció en el mercado a mediados de los años 70. En aquellos días en los que el mundo estaba divido por un telón de acero, occidente padecía un parón de la actividad económica con inflación como consecuencia de la decisión de los países árabes productores de petróleo de no exportar este producto a los aliados de Israel. Y en España, que transitaba hacia un nuevo modelo de organización sociopolítica, el desempleo reforzó esta coyuntura económica, siendo desde entonces una característica del perfil macroeconómico nacional. Pero aquellos años de «crisis» fueron también años dorados, de renovación creativa como el mismo grupo Supertramp o la movida madrileña.
Han pasado desde entonces algo mas de 30 años y el título musical de Supertramp resuena de nuevo en mi cabeza. Volvemos a tener un repunte del proceso inflacionario provocado por el petróleo, los alimentos,… pero no por la vivienda que baja sus precios. Curiosamente, en la década anterior, bajaron los índices de inflación, incluso rozaron estadísticamente el nivel de deflación, cuando el valor de la vivienda se incrementaba hasta valores desorbitados Mas allá de cuestionar la fiabilidad del IPC como indicador inflacionario, lo expuesto es un reflejo de como se han venido gestionando los valores, ocultando aquello que no se quería ver o mostrar.
Como en cualquier dinámica de procesos, ésta acaba revelando los principios en los que se apoya y generando una situación propicia al cambio o «crisis». La crisis en curso es consecuencia de prostituir el sistema de precios para enmascarar el valor de los bienes y servicios ofrecidos. Y ¿cómo ha podido realizarse esta macrooperación? Generando la ilusión de tener a cualquier precio, ofreciendo dinero barato. Se ha distorsionado la percepción del valor de los bienes y servicios, o dicho de otra forma se ha vendido caro pero dando facilidades para ello. Comprar duros a veinticinco pesetas creyendo que estamos pagando «solo» 25 céntimos de euro es un negocio insostenible, es una mala compra por muchas facilidades que nos ofrezcan y si la compra es mala antes o después el vendedor se va a resentir, reforzándose el proceso a la inversa con efecto multiplicador. El proceso ha sido posible gracias a la confusión generalizada que gobierna el reino de los valores de los miembros de esta sociedad.
Otro de los rasgos a los que asisitimos es la falta de credibilidad de las autoridades políticas, económicas y financieras, acrecentada por su incapacidad para generar medidas que supongan una salida a la situación económica actual. El decreciente grado de confianza en estos agentes y en el futuro, se proyecta día a día en las cotizaciones de la bolsa de valores. Y es que la salida a esta crisis está en las personas más que en las instituciones y los discursos bien intencionados. Esta crisis es una crisis de todos y una situación favorable para que entre todos y cada uno según su capacidad, podamos construir un futuro renovado ¿Cómo? Redescubriendo lo que es importante para cada cual y viviendo de acuerdo a esa escala de valores.
Desde el descubrimiento personal, tendremos claridad sobre lo que realmente queremos (nuestra demanda propia y no inducida) y tomaremos consciencia de para que valemos, de nuestra capacidad y talento (nuestra oferta personal y no impuesta). Esta crisis es una buena oportunidad para liberarnos de la ansiedad de «hacer por el tener»y así, «construir sólidamente desde el ser» un modelo renovado de vivir y no solo existir que diría Oscar Wilde. Estamos en el momento propicio para apreciarnos, desprendernos de aquello que carece de valor, creer en nosotros mismos y crear nuestra aportación a la renovadora «movida cultural» que está surgiendo. Crisis, what crisis? Esta crisis sería de enorme inspiracion para su puesta en escena por nuestros clásicos: Lope, Caderón, Cervantes,….
P.D. En la ultima reunión de la recién constituida Asociación Profesional de Coaches de Castilla y León, se puso de manifiesto que el coaching es un estilo de vida, una vía de renovación no solo para el cliente sino para el mismo profesional.