Cuando en mi juventud descubrí el fascinante mundo de la hipnosis, lo que me llamó la atención fue la extraordinaria capacidad que posee el ser humano. ¿Qué llevaba a una persona en ese estado a mostrarse extraordinariamente capaz en tareas tan diferentes como la aptitud física, la eliminación del dolor, la memoria, el cálculo, la comunicación en lenguas, …? Éramos muchos más de lo que nos decían y de lo que nos creíamos, y ¡no lo sabíamos!. Los límites de nuestra capacidad eran mucho más altos y estaban más cercanos de lo que habíamos supuesto con la educación tradicional. Solo había que entrar en ese estado de conciencia especial. Pero también en esos estados profundos de hipnosis el sujeto no era consciente de lo que realizaba, ni mantenía recuerdos de lo que había sucedido al despertar a la conciencia ordinaria. De alguna forma el sujeto hipnotizado regresaba a los estados de conciencia de un niño en sus primeros compases de la vida en los que no tiene recuerdos de si mismo al principio y después de forma muy limitada.
La cuestión era ¿podías desplegar tu enorme potencial en estado hipnótico siendo consciente de ello? La respuesta era sí, al menos en determinadas tareas relacionadas con los estados físicos como la anestesia de dolores, la coordinación del sistema foniátrico, … El hipnotizador debía graduar el estado de trance. ¿Y de forma autónoma? Aquí las posibilidades se reducían. La autohipnosis reducía el campo de acción del potencial al estar mediatizado por los mapas mentales del sujeto consciente. Alterar esos esquemas mentales requerían un estado de conciencia más elevado en el cual el sujeto adquiriese algo más que querer creer y tener confianza en sí mismo, debía tener fe en sí mismo.
La adquisición de este nivel de consciencia era más fácil de forma inconsciente a través del lenguaje simbólico, tal como nos hablamos en sueños cada noche, algo que han conocido todas las culturas en la historia de la humanidad (rituales religiosos, sanadores, cuentos, metáforas, …) y que el famoso hipnotizador M. Ericksson manejaba de forma extraordinaria. ¡Paradójicamente aprendemos mejor de forma inconsciente! Algo que nuestra cultura de la razón y su sistema educativo basado en la adquisición de conocimientos continúa ignorando.
En este camino de descubrimiento de la capacidad humana, un suceso me permitió nuevamente traspasar las fronteras y adentrarme en nuevos territorios: los territorios del TALENTO. El talento se me había revelado y cuando estaba conectado a él funcionaba en estado hipnótico. Es más, ¡de autohipnosis!. Al ser consciente de mi talento pude darme cuenta que todos tenemos una capacidad que nos hace extraordinarios en algo y nos diferencia de nuestros semejantes por ser quien somos. Y gracias a ese estado de conciencia, al mismo tiempo, accedí a conocer cuál era el lugar que me correspondía en el mundo, cual era esa función y proyecto que tenía que realizar por mí y por los demás, algo que de algún modo sabía. Después de todo, todo está en el principio: permitirnos ser quien somos y debemos ser en la obra inacabada de la Creación. Permitite ser y luego podrás reconocerte.
Arqueología del Talento© es el maravilloso viaje en el que conectarás con tu talento para conducirte a tu lugar en el mundo, ese lugar donde tu vida florecerá y prosperará. Próximo taller en El Escorial (Madrid) el fin de semana del 30 de abril y 1 de Mayo. Inscripciones en arqueologia-talento@co-labora.com
La cuestión era ¿podías desplegar tu enorme potencial en estado hipnótico siendo consciente de ello? La respuesta era sí, al menos en determinadas tareas relacionadas con los estados físicos como la anestesia de dolores, la coordinación del sistema foniátrico, … El hipnotizador debía graduar el estado de trance. ¿Y de forma autónoma? Aquí las posibilidades se reducían. La autohipnosis reducía el campo de acción del potencial al estar mediatizado por los mapas mentales del sujeto consciente. Alterar esos esquemas mentales requerían un estado de conciencia más elevado en el cual el sujeto adquiriese algo más que querer creer y tener confianza en sí mismo, debía tener fe en sí mismo.
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