Navidad tiempo de luces, regalos
y fiesta compartida. Expresión simbólica de la celebración de la aparición de
la luz que se abre paso desde la oscuridad para nutrir la creación,
compartiendo los dones de la vida. En Navidad recreamos y compartimos, a través
de nuestras costumbres y tradiciones, el misterio del regalo de la vida, la
magia de la luz. La Navidad ha inspirado muchas historias, algunas de ellas
hermosas y reales, como la Piotr y su gran amigo Nikolai.

Piotr había nacido en el seno de
una familia de clase media en una pequeña ciudad de los Montes Urales.  Y aunque en su infancia entusiasmó a sus
padres por su don musical, éstos le orientaron hacia la carrera funcionarial
enviándole cuando tenía diez años a San Petersburgo para que recibiera la
educación apropiada. Piotr estudió en la Escuela Imperial de Jurisprudencia
donde se graduó a la edad de 19 años con el rango de “consejero titular”, el
más bajo de la carrera funcionarial y, veinte días después, se incorporó al
Ministerio de Justicia.
La carrera de Piotr como
funcionario del Imperio Ruso, sería corta, tan solo tres años. Durante sus
tiempos de estudiante frecuentó la ópera y el teatro, incluso recibió algunas
clases de piano de un renombrado profesor quien no veía en él dotes para la
composición. Ya mientras trabajaba como funcionario asistió a clases de teoría
musical en la  Sociedad Musical Rusa y
posteriormente entró en el Conservatorio de San Petersburgo donde estudiaría
Armonía con su fundador Antón Rubinstein, hermano mayor de Nikolai, quien sí
vio en él un Don para la composición. Piotr se dijo que seguiría como
funcionario hasta que estuviera seguro si estaba destinado para la música. Y en
1.863 se sintió seguro y abandonó su puesto como funcionario.
Once años después, en 1.874, y
gracias a obras como la Obertura Fantasía de Romeo y Julieta, Piotr I. Tchaikovski
era un compositor de reconocido prestigio y su íntimo amigo Nikolai Rubinstein
un reputado pianista que le había abierto las puertas de la difícil sociedad
rusa. Las Navidades de ese año Piotr tenía un regalo para NIkolai: El Concierto
Nº1 para Piano y Orquesta. Un regalo que el pianista recibió de camino a la
casa de un amigo común donde se reunirían para esperar la llegada de Ded Moroz,
el Abuelo de Hielo, el Papa Noel de la mitología eslava.
Efectivamente, en el camino
pasaron por el Conservatorio donde Piotr ejecutó la pieza que había compuesto
para las virtuosas manos de Rubinstein. Nikolai no ahorró críticas y Tchaikovski
se quedó helado ante la áspera hostilidad de su amigo para quien la pieza no
era ejecutable. Las relaciones entre ambos se enfriaron, y Tchaikovski reconsideró
su dedicatoria entregando finalmente la obra a un gran admirador suyo, el
pianista y director de orquesta Hans von Büllow quien la estrenaría con gran
éxito en Boston el nuevo año de 1875.
Sin embargo las críticas y
sugerencias que regalara Rubinstein al compositor aquel día de Navidad surtirían
su efecto años más tarde. En 1888, Tchaikovski reelaboraría la parte pianística
de la obra que se convirtió en una de las composiciones favoritas de los
virtuosos del piano, incluso del mismo Nikolai Rubinstein quien cambió de
opinión y solicitó al compositor permiso para interpretarla.
El popular Concierto nº1 para
piano y orquesta de Tchaikovski que actualmente conocemos es el resultado de
los regalos que intercambiaron en su día dos talentos. Es el regalo que ambos
ofrecieron a la humanidad. En la primavera de 1961, en el primer viaje al
espacio exterior a bordo de la nave Vostok 1, Yuri Gagarin admiraba la grandeza
y belleza del planeta tierra mientras escuchaba el Concierto nº1 de Tchaikovski. Desde
tierra le preguntaron que quizás preferiría música del compositor oficial del
régimen soviético, Shostakovich. El astronauta respondió que la música de
Shostakovich era también muy buena pero que en ese momento prefería la de Tchaikovski,
que su Concierto nº1 le encantaba.  
La historia de Piotr y Nikolai es
ilustrativa del significado de la Navidad, de la renovación de la luz, de celebrar
el regalo de la vida, el don, y de compartirlo. 
Estas fechas navideñas son recordatorio de que naciste con un don especial
y que los frutos del talento son el mejor regalo que puedes ofrecer y recibir,
la mejor manera de compartir el regalo de la vida.
Por esas bromas de la vida, la
música del anuncio de la lotería de Navidad (en España) ha sido durante muchos
años el Vals nº2 de D. Shostakovich. La lotería de Navidad siempre ha fomentado
compartir la suerte, se regala y nos la regalan. Brindamos porque en el 2015
nos sintamos agraciados compartiendo la fortuna de nuestro talento. Después de
todo y como nos recordaría J. Benavente, la suerte la da el talento. Brindemos
resintonizando con el Vals de la Suerte y de la Navidad Rusa.