Desde que tengo memoria cada vocal y cada número del 0 al 9 tienen su propio color. Siempre he recordado de una forma natural los nombres propios y las cifras numéricas (números de teléfono, cifras presupuestarias,…) como una secuencia de colores. Con el tiempo me di cuenta que esta correspondencia entre sonidos, formas y colores no era habitual y que quienes la poseían, investían a las letras y los números de una coloración personal. Cada sinestésico tiene su propio color para cada número y cada letra. Sabiendo esto comprenderíamos mejor la reacción terca de un niño insistiendo en que los colores de su alfabeto de madera están equivocados y  no andaríamos desencaminados si imaginásemos que ese niño de adulto se convirtiese en un brillante  escritor como le sucedió a Vladimir Nabokov a quien corresponde la anécdota de la conducta infantil reseñada.
Y es que la sinestesia es una capacidad perceptiva poco frecuente (1 de cada 100 personas) y aquellos que la poseen, en su mayoría, son talentos creativos y más específicamente de las artes escénicas y la literatura. Músicos que ven colores en los sonidos como Mozart, Debussy, Rimsky Korsakov; Escritores que degustan sabores y olores en las palabras como Quevedo, Baudeliere, Proust, Rimbaud, Susklind; pintores que escuchan música en los colores como Paul Klee, Gaugain, Kandinski son ejemplos de artistas sinestésicos. El talento sinestésico tiene el don de vincular dominios o parcelas de la realidad dispersas e inconexas, mezclándolas y fundiéndolas en nueva realidad de dimensión múltiple o analógica. Los sinestésicos poseen el poder de la metáfora y del lenguaje simbólico. Las obras de este tipo de talentos creativos, son una proyección de cómo funcionan neurológicamente: sus cerebros mantienen ciertas conexiones entre áreas que están dispersas y desconectadas en los cerebros comunes, permitiéndoles asociaciones y correspondencias inusuales.
 
Se conoce bastante bien como percibe y procesa la realidad una persona sinestésica. Se han tipificado 19 categorías de sinestesia que van desde la asociación de números o palabras con colores, la más común, hasta la de asociar las sensaciones táctiles con sabores u olores, la menos frecuente.  Y en cada una de esas categorías, cada sinestésico configura su mundo de una forma distinta a partir de su peculiar combinación perceptiva de sensaciones cruzadas (los martes son días azul intenso, las sinfonías son notas de oro y carmesí; el terciopelo es rancio;…). Sin embargo la razón que origina la sinestesia no está clara (mutación genética, mayor número de conexiones físicas que permiten enlazar estímulos sensoriales diferentes, nivel de inhibición bioquímica que permite la generación de sensaciones cruzadas,…) aunque hay indicios sólidos de que esta capacidad está relacionada  con la evolución humana y el desarrollo del lenguaje.
Sin los talentos sinestésicos, el lenguaje de la humanidad sería más pobre y su capacidad de expresión artística y creativa no hubiera permitido alcanzar muchos de los logros heredados de los que hoy disfrutamos. Los talentos sinestesicos con su peculiar percepción cruzada y comprensión interconectada de la realidad seguirán siendo palabra inspiradora para la construcción del futuro de la humanidad.  Su lenguaje metafórico integrador de dimensión múltiple de la realidad aporta luz, color y calor.  
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