Esta semana se ha celebrado el Congreso Nacional de Recursos Humanos. En él hemos tenido la ocasión de escuchar excelentes exposiciones e interesantes ponencias, en las que el vocablo TALENTO ha sido de uso reiterado.

Desde que el informe Mckinsey viera la luz hace una década, el talento es una figura habitual en los escaparates de las organizaciones y los recursos humanos. Una palabra rescatada del diccionario para expresar la permanente aspiración de contar con los mejores, con los profesionales mas adecuados e idóneos. Pero el discurso del talento rehuye la mayor de las veces la cuestión del significado que subyace al objeto de su gestión, centrándose en las cuestiones de captar y retener el talento. ¿Es el talento un fantasma? Ni mucho menos, aunque las cosas esenciales sean invisibles a los ojos.

El talento es un rasgo diferenciador del quehacer personal, un atributo innato y excepcional del potencial de cada individuo que le permite hacer con facilidad aquello que a otros les resulta difícil. El talento es una capacidad natural que tiene su correspondiente proyección en el funcionamiento cerebral. Como apunta la doctora Benziger en su modelo de dominancia natural, el talento está asociado a aquellas zonas del cerebro donde existe un menor consumo energético. Y esta región varía de acuerdo a los diferentes tipos de personas. El talento aunque invisible deja huella en los circuitos mas eficientes en el procesamiento de información a nivel cerebral.
Pero además el talento es la llave de la vocación, de aquello por lo que sentimos una especial atracción, inclinación o interés. Si las personas identifican ese atributo que les diferencia y les hace competentes, encontrarán su lugar en el mundo y sabrán elegir el rumbo de su proyección profesional. Si aquellos que nos hablan frecuentemente de talento en las organizaciones reconocen su peculiar talento hablarán de éste de forma clara y no ambigua. El descubrimiento del talento es para aquella minoría que lo ha experimentado, un hito en su biografía personal, una experiencia vital, renovadora y transformadora que da al individuo control sobre su vida. Un vivencia sumamente útil para gobernar el timón de nuestra existencia y navegar con confianza aún en momentos de tempestad.
P.D. Si está interesado en descubrir su talento, Arqueología del Talento le facilitará la labor con su metodoloía innovadora y probados resultados.