El don es un regalo, una dádiva y al mismo tiempo es un título, una formula de cortesía y respeto. Ambos significados provienen de dos palabras latinas distintas, donum y dominus respectivamente, y convergen en la noción de TALENTO.
DON como partícula de tratamiento se antepone en la lengua castellana al nombre propio de la persona o al nombre y apellidos. En ningún caso, solo al apellido. Con el nombre propio los progenitores distinguen y singularizan a un miembro de la familia, y su elección es aceptada por la comunidad. Las razones que guían a los padres a decidir los nombres de sus descendientes son diversas pero las más frecuentes hacen referencia al patrón del día de nacimiento, el recuerdo de un familiar de una generación anterior (el nombre del padre, madre, abuelo, abuela,…), a evocar las cualidades de un personaje de ficción (p.e. Lara protagonista de Doctor Zhivago), su sonoridad y el concepto o conceptos atribuidos a ese nombre (p.e Sofia: sabiduría, reina). El nombre asigna individualidad en la familia y el nombre con apellidos designa a un individuo en la sociedad. Y la forma de tratar cortés y respetuosamente esta individualidad es anteponiendo la palabra DON.
Pero el DON de un individuo no se corresponde con las cualidades y capacidades del nombre propio que le eligieron. Sin embargo y aunque el acto de nombrar es arbitrario, las personas atribuimos las propiedades del nombre a lo nombrado, el sujeto nombrado acepta cuando no se apropia del nombre (esto es especialmente cierto en el castellano en el que nos identificamos como mi nombre es Carmen, yo soy Juan; no ocurre lo mismo en ruso en el que se tiene claro que “a mi me llaman Fiodor, Alejandra,…”) e influimos con el lenguaje a las personas nombrándolas. Así Alejandro puede llegar a sentirse que dispone de la fuerza para  conquistar, el liderazgo, y la capacidad estratégica, atributos de Alejandro Magno que asume como propios; y Dolores para no sufrir dolores preferirá ser llamada Lola. La cultura tiene sus propios equivalentes (nombres de pila) para permitir esta permuta en la forma de ser nombrado (no en los documentos identificativos con valor jurídico) cuando el nombre que le fue elegido puede incidir de una forma no deseable en el sujeto ( al referido de Lola, se pueden añadir otros, mayormente femeninos como Cuca por Socorro, Sole por Soledad, Charo por Rosario, …).  Existe además en las diferentes culturas un momento en el desarrollo del individuo en el que existe la posibilidad de cambiar el nombre y adoptar aquel otro por el que queremos ser llamados. Corresponde a la culminación de procesos iniciáticos en los que el sujeto arroja luz sobre su identidad al revelársele su capacidad distintiva, su talento. En la cultura cristiana católica puede cambiarse el nombre por otro elegido por el sujeto confirmado en la fe y este cambio es registrado civilmente y tiene validez jurídica; El Papa cambia su nombre por otro que se identifica más con los valores y misiones de su papado, etc. De esta forma el DON, el carisma, los atributos que identifican la esencia de un individuo, queda vinculado al nombre propio por decisión del propio sujeto humano.
Asi el DON (de dominus) como fórmula de cortesía social se transmuta en el DON (de donum) como talento que identifica los bienes naturales y sobrenaturales, las capacidades esenciales con las que el sujeto ha sido investido por la creación para realizar su función en ella. Si el individuo los reconoce puede elegir cambiar su nombre de acuerdo a las normas de su cultura, pero a menudo son los miembros de su comunidad quienes le reconocen y lo identifican con su Don: tiene don de mando, don de gentes, don de estar en el lugar en el momento adecuado, don para la música,… A veces nos dirigimos al sujeto portador de dicho Don por el nombre de un destacado talento de su categoría: es un Mozart, un Alejandro Magno, un Don Juan o…. un Don Nadie cuando el sujeto quiere atribuirse lo que no le corresponde y no es de su competencia.  El DON, la gracia que a cada uno le es concedida al nacer, el regalo distintivo con el que se viene a la vida es celebrado cada aniversario del día del nacimiento. El talento es invocado cada cumpleaños mediante un pastel con velas, la ofrenda que los romanos realizaban al genius, el dios personal con capacidad de influir positivamente sobre nuestro entorno.
“Arqueología del Talento” es proceso de reconocimiento del Don personal para que influyas positivamente en tu vida y en la de los que te rodean. Esta vida es un regalo, no la desaproveches! Próximos talleres:
–          31 de marzo y 1 de abril en El Escorial (Madrid). Ultimas plazas
–          21/22 de abril en Gijón.
–          28/29 de abril en Toledo.
–          19/20 de mayo en Barcelona
–          26/27 de mayo en Burgos.
Información e inscripciones: arqueologia-talento@co-labora.com