Si la Navidad representa el
resurgir de la luz, el fin de año constituye el cierre de un ciclo. El primer
evento que es la expresión metafórica de un aspecto del orden de la creación de
la que formamos parte, en particular del movimiento del astro solar, se
anticipa en nuestro calendario convencional (porque es una convención) a la
noche vieja. Es más, en el intento de regular los tiempos de nuestras vidas, se
ha asignado a la Nochebuena y la Navidad una fecha fija que no se corresponde
con la regla de la naturaleza. Funcionamos con dos calendarios, uno resultado
del devenir cultural que normativiza y regula el comportamiento del grupo y el
otro, más allá de la cultura, que está en el orden mismo de la creación.   
Todo fin es el comienzo de un
nuevo ciclo. Echar la vista atrás y rememorar lo vivido durante el último año
nos ofrece la posibilidad de tomar conciencia del camino realizado. Podemos
tener la ilusión de que podíamos haber hecho las cosas de otra forma, pero es
una ilusión. Lo hecho, hecho está y  responde a un equilibrio de fuerzas internas
en un contexto que va más allá de cada uno de nosotros. La individualidad, la
separación física, no deja de ser una limitación de nuestros sentidos físicos. Reflexionar
nos permite aprender la lección después de la prueba. Y nuestra gran prueba
está en la cultura, en ese orden que puede ser enfrentado y renovado. Hay un
orden de la creación y hay una creación de la humanidad, la cultura,  cuyo orden no es el de la naturaleza de las
cosas en sí. Este orden cultural es una visión incompleta de una realidad que
no podemos abarcar en su totalidad, y que incita y modela comportamientos rden cultural es una vision limitada de en
ese orden que puede ser renovadoo. que esta en el orden mismo de la creacique
alteran la naturaleza individual. El final de un ciclo cultural como el que nos
corresponde vivir basado en la racionalismo y el materialismo, en el
determinismo y el esfuerzo, el individualismo y la competitividad, el dominio
de la naturaleza y la ilusión del creado de creerse el mismo Creador (aunque
ambos participen de la misma naturaleza), como el fin de año y el inicio de un
nuevo ciclo natural nos conduce a casa por Navidad.
Cada final de ciclo, cada vuelta
al principio permite revelar nuevos aspectos de la naturaleza de la creación,
de la cultura y de nuestras propias vidas. Y en esa naturaleza está el talento,
el regalo que la vida nos ha concedido a cada uno para compartir nuestra
existencia y renovar la cultura y recrear la Creación. El talento aunque a
algunos no le guste recordárselo, no es el resultado del esfuerzo individual, sino
más bien el patrón de capacidad innata que ha configurado inconscientemente tu
realidad esencial. Es una condición de partida que difiere en cada miembro de
la humanidad y hace a cada uno idóneo y óptimo para una función. Dicho de otra
forma el talento encubre el sentido de nuestra existencia. Mal que a muchos les
pese, no somos dueños de nuestras vidas pero si podemos influir en ella y en la
de otros a través del despliegue de nuestra capacidad y de forma idónea a través
del talento. El talento no es una profesión, ni una industria, ni se mide por
lo facturado, el talento no tiene precio pero si mucho valor, pues nos permite
hacer desde el ser, compartir con entusiasmo y estar en comunión con la vida. Y
es por ello que los talentos se niegan cada vez más, de forma más o menos
consciente, a ser cómplices de una cultura cuya organización les arrebata su
poder y su sentido de vida. Cada día son más los que se alejan de poner su talento
al servicio a un sistema socioeconómico que habiendo perdido la razón de su
origen, desprecia la naturaleza y vidas de sus miembros, y anónimamente quiere
servirse de su energía para cubrir, no ya la inseguridad y miedo atávico como
descendientes de los hombres de la caverna ante la falta de alimentos, que tal
fue el honroso fin de esta cultura que lucha por supervivir, sino la de aquella
minoría encumbrada eventualmente en su gestión.
Todo nacimiento es el resultado
de la muerte a un estado anterior. Y el futuro apunta a compartir desde el
talento, ese don natural (gift), ese bien (good) que Dios (God), la Creación
nos ha regalado con el fin de seguir recreando la vida según sus propio orden. Renace
a la vida que hay en ti. Recupera tu Talento, rescata lo que esta cultura no ha
sabido valorar, y libera la alegría de vivir compartiendo tu Don. Y podrás
darte cuenta de la abundancia de la vida sin temor al mañana: no estás solo
sino muy bien acompañado y el talento aunque escondido, abunda. Este es nuestro
deseo para ti en el año que está a punto de comenzar. Que 2014, sea un año muy
especial.
Para despedir el año y dar
entrada al nuevo año quiero compartir contigo tres piezas de tres talentos de
la música, la música alimenta sus vidas, y sus creaciones las nuestras. Quizás
no, quizás si hayas oído hablar de ellos, pero tienen un don especial para la musica:
Kiko Barriuso: un compositor lleno de frescura y sensibilidad ademas de gran pianista
Inyigo Ardanaz: una voz natural que ha dado la vuelta al mundo
Irene Shams: esta directora coral esconde una voz por descubrir