Hemos sido educados en concebir
el universo como un espacio de recursos escasos y como consecuencia, competimos
por ellos. Competimos por un puesto de trabajo, por los recursos financieros,
por los clientes,  por ser el más
popular, por estar posicionados el número 1 en los buscadores de internet, …
competimos y competimos, sin darnos cuenta de que hemos sido hipnotizados. Si
hemos sido y seguimos siendo hipnotizados con el concepto de escasez y la
supervivencia. Y quienes tienen peso e influencia en la creación de valor en
los  mercados lo hacen apelando a la
carencia.
La escasez es uno de los pilares
de la Teoría Económica y de la evolución Darwinista hasta donde nos las han
contado y por ende, de los negocios. Pero desde los estudios del Club de Roma a
finales de los años 60 apenas se oye hablar sobre la suficiencia de los
recursos en el planeta. El que los recursos sean limitados no quiere decir que
sean escasos. Hay energía y agua suficiente en el mundo (la cantidad es
constante en cualquiera de sus tres estados) y sin embargo el presidente del
líder mundial del agua embotellada en el mundo (Nestlé) propuso la
privatización del suministro del agua para que no sea derrochada.  Una política de restricción, aparentemente
protectora, generadora de escasez como la que en su día dio al traste con la
energía libre de Tesla. Los informes sobre tasas de paro hablan de hasta qué
punto el sistema emplea la fuerza laboral. En los mercados financieros
pareciera que no existe dinero, cuando existe el suficiente pero si hay
barreras para su disponibilidad. De la misma forma, hay suficiente fuerza
laboral pero la expresión de tasas de paro crea la ilusión de que no hay
trabajo para todos. ¿Qué sucedería si en vez de hablar de tasas de paro,
hablásemos de tasa de ocupación de la fuerza laboral? ¿Qué sucedería si se
hablase de recursos financieros no dispuestos? Que la percepción seria otra y
hablaríamos de la ineficiencia del modelo económico basado en la competitividad
y no en la competencia.
La naturaleza es sabia y dispone
de recursos suficientes para cubrir sus propias necesidades. Y la humanidad no
es una excepción en la creación. Cada ser humano está dotado de un talento para
colaborar desde su natural y diferencial espacio funcional en la satisfacción
de las necesidades del grupo o comunidad a la que pertenece. Y sin embargo
¡nuestra educación nos conduce a competir fuera de nuestro espacio de talento!
La colaboración es algo natural. Y la competitividad una idea generada por el
miedo ancestral de quienes inseguros temen la vida y que ésta les abandone
privándoles de recursos con los que sobrevivir. Y es en la lucha por la
supervivencia, en la consideración del otro como un rival competidor en la que
somos constante educados. La escasez paradójicamente genera un derroche de
energía, recursos y posibilidades.
Mientras el mundo pone atención
en los avances de la física y del universo cuántico, relegando la concepción
del universo como una gran máquina, ignora en gran medida lo que sucede en la
biología cuyas teorías inciden cada vez más en que la integración, la cooperación
y la asociación son el fundamento de la evolución. Una concepción que se opone
al principio darwinista de competidor que sirvió de referencia a una forma de
hacer negocios, en palabras de J. Rockefeller “la naturaleza recompensa a los más
aptos y castiga a los más débiles”.  Sin
embargo ya el biólogo y botánico ruso Konstantin Merezhkovsky, contemporáneo de
Darwin, planteó en su teoría de la “simbiogenesis” la evolución como resultado,
no de la selección natural, sino, de los procesos de asociación simbiótica e
integración de bacterias con las especies vegetales o animales. El apoyo mutuo,
manifestó  el príncipe ruso Kropotkin en
su libro del mismo nombre, es un factor de evolución pues, más allá de la base
genética, existe una sociabilidad natural en todos los animales. Estas teorías
de cooperación biológica han venido siendo ridiculizadas por la ortodoxia
académica que ha convertido la evolución darwinista en un dogma, hasta que la
recién fallecida Lynn Margulis retomara las tesis simbióticas de Merezhkovsky en
sus investigaciones y publicara en 1967, a pesar de las trabas que le impuso la
comunidad científica, sus resultados sobre el origen de las células eucariotas
como  consecuencia de la incorporación
simbiótica de diversas células procariotas en un proceso llamado endosimbiosis
seriada.
No obstante el mismo Darwin en la
última etapa de su vida fue consciente de las limitaciones de su teoría ya que
ésta no podía explicar conductas inherentes en los seres vivos hacia el
altruismo y la colaboración, conductas que se oponían a la del competidor
egoísta. Consciente de que su Ley no era Universal, Darwin prestó atención a las
relaciones de cooperación en las especies vivas, dándose cuenta que éstas ocupan
la mayor parte del tiempo de las establecidas por sus miembros. La lucha por la
supervivencia nos ocultó una parte de las exploraciones de Darwin sobre la
evolución de la naturaleza como nos expone Sabina Berman en su último libro “el
Dios de Darwin”, investigaciones que le llevaron a admitir que la colaboración
es la norma en la naturaleza.
Quizás, algún día, la
colaboración será la norma dominante en la especie humana y el talento
adquirirá su verdadera dimensión. Pues se nos ha ocultado que cada ser tiene en
su natural condición un talento innato que le hace idóneo para colaborar con el
grupo en la satisfacción de las necesidades de éste. Y se nos ha educado en una
concepción del talento como logro, esfuerzo, lucha, adquisición, competitividad,
supremacía. No hay talentos mejores, ni peores; hay diversidad de talentos para
cooperar entre ellos. Se manipula la palabra talento, se hipnotiza con ella
desde el mundo de la organización y la empresa, cuando en vez de buscar
talento, salvo casos particulares, quieren encontrar básicamente gente
dispuesta a sacar trabajo a destajo realizando funciones por debajo de su
potencial, a competir por un salario de supervivencia en un contexto de temor y
rivalidad, resultado de generar un escenario de escasez de empleo. Derroche de
recursos, derroche de energía, derroche de talento. El talento huye de esta
lucha por la figurada escasez de empleo pues por naturaleza es cooperador.  Desde su singularidad el talento es generador
de futuro y creador de valor (eres escaso, tan escaso y único que como tú no
hay otro con las mismas capacidades en el mundo) cuando ocupa ese espacio que
la naturaleza le tiene reservado en la organización del grupo y de la
comunidad, ese lugar desde donde aporta y recibe con equidad, desde donde
colabora por su bien y el bien común. Mientras llega ese día en el que la
organización evolucione y sea una recreación de la naturaleza, configurándose
como una simbiosis de talentos al reconocer el talento como optimizador de la
colaboración; mientras llega ese día, son cada vez más las personas que indagan
sobre su capacidad y exploran donde reside su talento, son cada vez más quienes,
hartos de una competencia absurda que conduce a una supervivencia precaria, van
al encuentro de ese lugar en el mundo donde cooperar por una vida y un futuro que
realmente merece la pena, desde la competencia natural del talento. En el
origen y en el horizonte del talento esta la colaboración.